Jan 03 2009
Si Naces Cigarra Estás Jodido
EL ENLACE ENTRE EL PUNTO DE PARTIDA Y
Lucha cada día por sueños, y tarde o tempranos los harás realidad.
¡Haz que suceda!
Todo en lo que realmente creas
así será
Sólo existe una clave para triunfar: Cambia la palabra problema, por la palabra oportunidad
No, no he perdido la cabeza, ni me ha dado una subida de energía rosa. Las frases no me las he inventado yo, de hecho seguro que os suenan. Seguro que alguien alguna vez trató de animaros con alguna de ellas, y quien sabe, ¿puede que incluso funcionara verdad?. Que mágico es el positivismo. Y que cierta esa magia para los que no encontramos mayor barrera que nuestra propia iniciativa. Pero si naces cigarra, estás jodido.
A lo largo de la historia, las diferentes ideologías sociales han tratado de dar respuestas a los interrogantes clave de nuestra existencia. Pero, prácticamente todos estos interrogantes pueden deshilacharse hasta quedar simplificados en lo que podría denominarse el “Planteamiento ideológico central”. Me refiero a la concepción del individuo, a sus capacidades, sesgos y métodos organizativos.
Concretando en la economía, que es donde mejor puedo argumentar, la historia del pensamiento nos muestra como siempre ha habido una clara distinción entre, los que organizaban el sistema mediante la idea central de individuo como pieza complementaria básica de un ente director común, “la comunidad”, y aquellos que lo hacían con el eje elemental de la concepción individualista del mismo. Simplificando un poco, entre los economistas siempre ha existido la dicotomía entre el individuo y la sociedad, lo singular y lo plural, el egoísmo y la cooperación, o en definitiva, lo privado y lo público, como hilo conductor hacia una sociedad mejor.
No hago especulaciones ideológicas, lo podemos comprobar analizando frases como las de Adam Smith “El Comportamiento Competitivo individual va a generar la solución más adecuada para la sociedad”, o simplemente planteamientos políticos como la colectivización socialista de los medios productivos justo en el extremo opuesto.
A primera instancia podemos creer que todos estos planteamientos surgen de doctrinas teóricas específicas de la economía, con lo cual quedaría un poco al margen de nuestros posicionamientos ideológicos individuales. Sin embargo, es preciso analizar el enfoque más detenidamente, para que así nos sea tangible la idea que subyace bajo todo esto: El punto de partida. Y es que, al fin y al cabo, la diferencia entre los teóricos del individualismo y los de la organización colectiva, se haya fundamentalmente en que los primeros omiten en cierta medida de sus planteamientos la procedencia del individuo, sus circunstancias contextuales. Mientras que los segundos, mantienen entre sus ejes cardinales de acción la diferenciación humana que supone el entorno de empiece para la persona. Esto lo hacen para de este modo poder equilibrar los “desequilibrios naturales” a los que cada uno de nosotros estamos expuestos.
En definitiva, si eres de los que piensa que el esfuerzo personal compensa los desequilibrios naturales (tanto biológicos, como sociales y económicos), si crees que cualquier persona puede lograr, con mayor o menor esfuerzo, sus objetivos sociales sobreponiéndose a sus circunstancias, entonces compartes la concepción individualista del hombre. Si por el contrario admites la existencia de un desequilibrio natural, como consecuencia anexa ha haber nacido con unas determinadas capacidades físicas y psicológicas, en un espacio determinado, y rodeado de una clase social específica, y si además compartes la idea de que la organización del sistema ha de compensar en la medida de lo posible este desequilibrio, entonces rechazas el individualismo para aceptar una visión asociativa y comunitaria, a mayor o menor escala, del ser humano.
Relacionar la idea del “punto de partida” con las ideologías económicas y la aplicación política de estas es más sencillo de lo que parece. Si omitimos el punto de partida, o lo aceptamos pero decidimos no intervenir sobre este, defenderemos innegablemente la lucha individual como método evolutivo, lo singular frente a lo plural, y por tanto lo privado frente a lo público (el liberalismo económico, frente a cualquier doctrina socialdemócrata o socialista). Si por el contrario, aceptas que es necesario corregir el desequilibrio natural inherente al ser humano, y admites que la coordinación individual no sólo es posible, sino necesaria para construir un nivel de bienestar superior, entonces priorizaras la sociedad (no sólo por altruismo, sino también por beneficio personal), la cooperación, y en definitiva lo público.Desecharás a fin de cuentas el liberalismo como vía de mejora comunitaria.
No seré yo, y mucho menos en este contexto quien trate de convencer a nadie. No seré yo quien defina la ideología social óptima para el desarrollo de nuestros pueblos. Han sido muchos los ideólogos que han tratado de exponer nítidamente la veracidad de su terminología. Y sin embargo, hasta hoy, nadie ha conseguido equilibrar la balanza y extender con mayoría absoluta uno u otro principio. Yo simplemente finalizo lanzando al aire algunas preguntas, para mí con respuesta, y que cada uno forje su visión crítica y personal de lo aquí expuesto:
Si aceptamos constitucionalmente la igualdad de derechos de todos los individuos, y exigimos la equidad frente a los deberes ciudadanos ¿Con que moralidad podemos reclamar la llegada a una única meta a individuos que comienzan la carrera desde puntos radicalmente alejados?
Si, lo se, para muchos no existe esta desigualdad natural, para muchos los puntos no distan tanto, pero yo les pregunto ¿Cuántos de ustedes han nacido rodeados de marginalidad, exclusión o sesgos biológicos?
El punto de partida desfigura la democracia si no es aceptado y combatido como tal, y por mucho que tratemos de desplazarnos a una concepción egoísta, ¿Qué tipo de eficiencia global puede alcanzar una sociedad que auto discrimina a la mayoría de sus ciudadanos?.
Si naces cigarra estás jodido. Con esta sencilla expresión se resume todo lo que aquí he tratado de exponer. Tampoco se me ha ocurrido a mí, fue pronunciada por Javier Bardem en “Los lunes al sol” interpretando a uno de los muchos astilleros que quedaron en paro tras los despidos que Naval Gijón efectuó hace algunos años. El personaje lee el cuento de “La cigarra y la hormiga” transformando su moraleja perspicazmente para argumentar lo ya mencionado.
Muchas gracias y un abrazo
Manuel J. Ordóñez Ruiz
Aquí dejo el video para que podáis verlo:

Estoy de acuerdo contigo, Manuel, me ha costado (por lo extenso) pero he llegado al final de tu post. No obstante, en el caso de España, creo que si preguntáramos a la gente la mayoría optaría por el poder individual. El sistema lleva muchos años sugiriendo la idea de que cualquiera puede ‘triunfar’ -vitales son las comillas- por sí mismo. Y lo hace mediante ejemplos muy concretos y reales: el pocero, por ejemplo, inmensamente rico siendo aún casi analfabeto.
Y si no, prueba a decir lo que digo yo a veces y verás qué caretos: “Si por mi fuera, estaría encantado de pagar más impuestos”. Entonces, de tonto para arriba…
Un abrazo y enhorabuena por tu blog.
pau.